Supra-valoración de la arqueología foránea
Ojeando la prensa dominical, concretamente los dos periódicos coloniales que conforman el binomio informativo en Canarias, debo confesar, que dos noticias me condujeron a un estado emocional bastante contradictorio, por un lado, un estado de alegría y esperanza, por el otro lado, un estado de indignación e impotencia.
A ese estado de elevada alegría, me llevó la noticia del nuevo hallazgo arqueológico que confirma que Balos no está solo (aunque esto no supone nada relevante, pues ésta noticia ya la advirtió Renata Springer) dicha noticia, por tanto, supone el engrosamiento de datos sobres los guanches, son nuevos hallazgos que podrían producir nuevas teorías, o modificación de las ya existentes; lo importante es que aumenta el número de estaciones rupestres, aportando nuevos materiales para el estudio y la investigación.
La otra cara de mi estado anímico llegó, cuando leí las contraportadas, pues se me atragantó hasta el trozo de bocadillo que tenía en el buche, cuando leo que un grupo de científicos canarios viajan al Perú, a estudiar unos restos arqueológicos de la cultura inca, como si aquí en Canarias no hubiese nada que estudiar, o como si el patrimonio foráneo tuviese mayor importancia que el nuestro, dejando entrever esa supra-valoración a la arqueología externa, llevándome a comprender que hasta el sector arqueológico, está también afectado y contaminado por esta patología de la infravaloración.
Y una lluvia de preguntas se acumulaban en mi mente, entre ellas: ¿por qué estos científicos no se disponen a estudiar en profundidad los nuevos hallazgos que componen Balos? , ¿Cómo se explica que los cabildos/gobiernos bequen al grupúsculo científico de turno a estudiar la arqueología del quinto carajo y no promuevan investigaciones o grupos organizacionales que exploren-investiguen-descubran nuestro legado histórico? , ¿Cómo es que todavía ninguna institución de investigación universitaria haya viajado a la península para sacar el polvo a los archivos almacenados en obispados o centros históricos, donde se pueden hallar restos de nuestra lengua amazigh? ¿Es que no hay arqueólogos en América latina que se tienen que llevar a los nuestros?
Las preguntas se podrían multiplicar por cientos, pero es curioso que una sola respuesta valga para contestar a todas, respuesta que se reduce al hecho de que todo lo que potencie el descubrimiento, y en consecuencia conocimiento sobre nuestros hermanos aborígenes, despierta un afilado sentimiento patriótico, que derivará en la aspiración de arrancar la independencia. Es por ello que nuestro patrimonio arqueológico se encuentra sumido en la indefensión, pasto del terrorismo y la expoliación, por ello no dudo en que todo esto sea una treta para desviar la atención y sacar a los cuatro arqueólogos más validos que tenemos en Canarias, mandándolos bien lejos y desviando sus intereses científicos hacia otras culturas, cuando lo que debieran hacer es estudiar en profundidad nuestro patrimonio, antes de que las rotondas, carreteras, centros comerciales, especulación y su hermano capitalismo, destruyan los yacimientos/cuevas/necrópolis/poblados… que nos quedan, como llevan haciendo desde hace mucho tiempo, violando incluso, las leyes de protección del patrimonio, y me viene a la cabeza esa frase de Cicerón que dice:
“Cuando los tambores hablan, las leyes callan.”
Que gran verdad se esconde tras estas palabras; no dudaré en leer mañana los periódicos bajo los efectos de un prozac –por si acaso- me encuentre otra noticia de ésta calaña y se me indigeste de nuevo el bocadillo.
David A. Fajardo Rodríguez
Estudiante de psicología.
Tamaran 23-07-07
Psicologia.clinica.uned@gmail.com