¿SEREMOS ÚTILES EN EL FUTURO?
LA PREGUNTA QUE TODOS LOS COLECTIVOS SOCIALES DEBEMOS HACERNOS ANTE EL RETO DEL NUEVO MILENIO
La respuesta, al igual que la sinceridad y profundidad de la pregunta, es afirmativa y sin lugar a dudas el futuro de nuestras sociedades dependerá siempre del propio pueblo siempre y cuando:
- Seamos capaces de cambiar el sistema social, de buscar nuevas fórmulas de trabajo, de funcionamiento y gestión de los organismos sociales.
- Seamos capaces de entender los nuevos procesos de cambio de la sociedad y abrir las puertas de nuestras asociaciones a las mujeres, jóvenes y a nuestros mayores.
- Seamos capaces de mantener las líneas de trabajo y de mantener la credibilidad, el prestigio y la confianza que hoy tiene el pueblo en sus colectivos.
- Seamos capaces de hacer desaparecer de la colectividad social a todos aquellos elementos extraños y perjudiciales que solo persiguen la especulación y protagonismo personal.
- Seamos capaces de colocar en las juntas de gobierno de los colectivos a personas preparadas con formación, carisma e imagen que ofrezcan calidad y seriedad a los organismos sociales.
- Seamos capaces de dimensionar el movimiento vecinal y de dar respuesta a los problemas globales.
- Si seguimos haciendo frente a los problemas locales con estrategias de dar solución a los grandes y pequeños problemas ecológicos, económicos y sociales.
- Si nos resituamos (reafirmamos y fortalecemos) en todas estas estrategias, entonces si podremos dar respuestas eficaces a los retos de este milenio que acaba de comenzar.
SOLUCIONES PRACTICAS
La primera cuestión práctica que debemos tener en cuenta es la remodelación adaptándonos a los nuevos tiempos empezando por hacerlo en el terreno organizativo. Nuestras organizaciones dejan mucho que desear ya que muchos dirigentes actuamos como "generación tapón" impidiendo los posibles relevos tan necesarios que nos propone la sociedad.
El localismo concentrado en la mera actividad directiva ejerciendo sobre la propia asociación e impidiendo que en muchas ocasiones nos acerquemos a la puerta, la abramos y contemplemos "el bosque".
En el terreno organizativo se da igualmente la necesidad de democratizar la vida de nuestras asociaciones. No podemos crear un movimiento sin vecinos, no podemos mantener una falsa representatividad y la mayoría de nuestras asociaciones no la tienen con su entorno.
Para afrontar esta nueva etapa tenemos que hacer un esfuerzo formativo e informativo al igual que nuestros vecinos. El término participación tiene una dosis de ambigüedad que nos ha llevado a mantener discursos y debates teóricos mas o menos estériles a lo largo de estos últimos años que no han tenido solución sino que se han aparcado en el tiempo permaneciendo en el olvido.
Situar al movimiento asociativo en su papel fundamental de vertebrador social exige, sin mas dilación, fijar un concepto de participación.
Nuestra Constitución de 1978 reconoce en su artículo 28, apartado 1º, el derecho a la participación directa de la ciudadanía en los asuntos públicos como es lógico y comprensible ya que la soberanía emana del pueblo y es este quien la detenta. En dicho artículo leemos: "Los ciudadanos tienen derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal". Derecho igualmente reconocido en el artículo 21, apartado 1º de la Declaración de los Derechos Humanos (10 de diciembre de 1948) donde dice: "Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representante libremente elegido".
De todas maneras y a pesar de existir un régimen de participación ciudadana recogido en la ley de la administración local y a pesar de ser un derecho universalmente reconocido, muchos políticos y responsables de nuestros organismos oficiales se niegan a reconocer e impiden y tratan de anular a los colectivos sociales.
Este tipo de actuación antidemocrática, caciquil, prepotente es errónea debiendo ser abolida de nuestra sociedad. El pueblo es quien ostenta y detenta la suprema soberanía y es este quien elige por sufragio universal a sus representantes, a todos su representantes para que administren y gestionen con ética y honradez nuestra cosa pública por lo que instituciones y pueblos deben ser administrados con justicia y no que se enfrenten al pueblo como una casta política aparte para coartar los derechos más elementales.
La clase política gobernante de nuestros organismos oficiales debe entender que son meros trabajadores elegidos por el pueblo para realizar una elemental labor social por la cual obtienen unas prebendas y distinciones oficiales olvidándose que son meros trabajadores al servicio del pueblo y para el pueblo.
Los organismos sociales son el eslabón que une al pueblo con las instituciones oficiales.
Los colectivos son los que tienen el contacto directo con los vecinos y conocen con detenimiento los problemas de la ciudadanía y su entorno, por lo tanto debemos demandar, y demandamos, ante los organismos oficiales que se nos respete, atienda correctamente y se aplique el derecho diferencial y protocolario que por representatividad que tenemos nos merecemos ya que muchos agentes sociales realizan una gran labor por y para el pueblo sin ánimo de lucro y un desprecio hacia los representantes del pueblo es un desprecio al propio pueblo.
Todos los colectivos sociales deben afrontar este nuevo reto de cambios con firmeza y con total seguridad y convencimiento de poder conseguirlo.
La clase política y los representantes de los grupos de gobierno de los organismos oficiales deben abrir las puertas y permitir la participación directa de los ciudadanos.
Antonio Leal Aguilar
D.N.I. 42.903.933-D.