RESISTENCIA EN LA PALMA. CONATO DE INVASIÓN POR GUILLÉN PERAZA.
El conde de Niebla había cedido a Guillén de las Casas el señorío de las Canarias y éste, a su vez, el de la isla de Lanzarote a Maciot, para evitar unos antiguos litigios que se venían desarrollando, dando fin, con esta entrega de la isla conejera.
Era dueño de todo, (amo y señor en papeles) pero sin poder pisar sus pretendidas posesiones, ya que no todo estaba conquistado (Gran Canaria, Tenerife y La Palma).
Pues bien, este Guillén de las Casas muere en 1442 y su herencia invasora se divide entre su primogénito y su hija Inés.
Hernán Peraza, se casa con Doña Inés y realiza más adelante un convenio con su cuñado. A cambio de ciertas tierras que Doña Inés había heredado de sus abuelos en Sevilla, se permutan, por los derechos del resto de las islas y los derechos del Archipiélago, salvo Lanzarote, que seguía en posesión del anciano Maciot.
Decidió entonces tomar posesión de su reino, acompañado de su joven hijo Guillén. Pasaron por Fuerteventura, huyeron de Gran Canaria, y tranquilizó los descontentos en La Gomera y El Hierro. Peraza, emprendió rumbo hacia la conquista de La Palma, ya que la consideró una isla más apropiada. Según él, sus gentes eran pocas y estaban inferiormente dotadas de pericia militar.
Desembarcaron, llegando al distrito de Tihuya, donde reinaba el príncipe Echedey. Los palmeros acudieron en gran número, en defensa de su patria, apareciendo ese día grandes guerreros y caudillos como: Chenauco, Butinmara y Tasaragre. Todos, ese día, resolvieron no dar su brazo a torcer, oponiéndose a los invasores a costa de su propia vida.
Hernán Peraza no se amedrentó, el venía a conseguir una fácil victoria, y dinero negro que le dejaría sus ventas de esclavos canarios, para las futuras expediciones de conquista. Y mandando a su frente al capitán de sus ballesteros con sus dos compañías, seguido de sus fieles isleños auxiliares y traidores de la patria, unidos a los nobles (no se que nobleza hay en el expolio, la traición, la muerte de hombres honrados y la venta de esclavos, entre otras carroñadas,…) Juan de Aday, Luís de Casañas y Mateo Picar, y confirió el mando de estas tropas a su hijo Guillén Peraza.
Guillén, dio orden de que sus tropas avanzaran y atacaran por todas partes al enemigo, y mientras la lucha comenzaba, seguían acudiendo los palmeros de todos los lugares vecinos a seguir engrosando el números de guerreros que luchaban por defender su tierra, su casa, sus mujeres, en definitiva, sus vidas, que veían de nuevo amenazadas antes las hordas piratas y mercenarios, pues no tenían otro nombre, mas que el de asesinos, gente corrupta que injuriaban bajo la cruz que portaban, mientras la otra mano portadora de la espada de muerte, ajusticiaba siempre en vano por el nombre de Dios.
Los palmeros se defendieron furiosos ante el invasor, ocuparon con ventaja las alturas y desfiladeros desde los cuales lanzaban los grandes peñascos, troncos de árboles y lanzaban con certera puntería las piedras que atravesaban, incluso, las más fuertes corazas. Su agilidad a la hora de trepar y correr por los riscos más escarpados dejó al enemigo totalmente desconcertado. Ya que desaparecían y volvían a caer de repente, produciendo el total asombro a las tropas invasoras.
Cuando las tropas españolas se encontraban totalmente desordenadas y comenzaban a darse a la fuga, el joven Guillén Peraza seguía unificando parte de sus huestes para proseguir el combate, pero en este momento, una certera piedra, enviada por un guerrero palmero del que por desgracia la historia no recoge su nombre, choca con auténtica fuerza en la cabeza de Guillén Peraza, derribándole de su caballo. Aquí se acaba la batalla, huyendo las tropas españolas en desbandada hacia la playa, donde las lanchas protegieron su fuga, pudiendo llevarse consigo el cadáver del hijo de Hernán Peraza.
No era la primera vez, que se hacía justicia a tanto desagravio. Aún así, se le dedicaron endechas al joven Guillén Peraza, que conservó la historia por medio del padre Abréu Galindo.
¿Pero quién cantó por nuestros hermanos esclavizados o muertos en combate, o por la traición de unos invasores que solo vinieron a exterminar, expoliar, violar y hacer negocio con la esclavitud de la raza guanche?
Bibliografía: Agustín Millares Torres (Historia General de Las Islas Canarias)
José de Viera y Clavijo (Historia de Canarias)FAITA 2006