RESISTENCIA EN AJODAR

 

En los inicios de Enero del año 1483, partió el sanguinario conquistador, general Pedro de Vera con lo más lucido de sus tropas, pasando por Arucas y la costa de Lairaga, asentándose en Gáldar mientras esperaba a su cuerpo auxiliar de gomeros que partían desde Agaete.
   Es aquí donde averigua Vera el punto exacto donde se encuentra el último baluarte de resistencia, donde los rebeldes siguen fuertes al mando de Bentejuí, acompañados del faicán de Telde y de la princesa Arminda, que además era muy respetada por los canarios, por ser la heredera de Guayasen. El sitio, en concreto, es el Bentaiga, un roque que destaca por una altura de sesenta metros sobre el sitio más alto de la montaña de Tejeda, de magníficos acantilados de basalto, que la hacían inexpugnable. En la base, donde descansa el roque, se encontraban cuevas grandes que demostraban lo importante de este asentamiento indígena. Unos estrechos peldaños, hechos por la mano del hombre, permitían peligrosamente acceder hasta la plataforma, donde se celebraban ceremonias de culto, y en aquel momento, donde también hacía las veces de lugar de encuentro para debatir la defensa de la patria. En la cima se encontraban los guerreros y valientes, que luchaban con su vida, para no someterse a los bárbaros invasores. Luchar por la libertad, por la patria, contra las vejaciones, el expolio y la esclavitud.
   Los españoles se mantuvieron fuera del alcance de piedra de los canarios y como tardaron bastante en actuar, los guerreros isleños los increpaban desde las alturas, haciéndoles ver que solo eran capaces de hacer la guerra montados a caballo. Esto hizo, que algunos soldados se acercaran con tan poca prudencia como inteligencia, ya que los enormes bloques que los canarios lanzaron por la escarpada pendiente, los aplastaron en el acto.
   Durante la noche los valientes guerreros guanches, dejaron en lo alto del cerro una fuerte hoguera que engañaría al enemigo, mientras ellos, se refugiaban en una zona entre Veneguera y Tazartico, acampando a lo alto de un fuerte parecido al Bentaiga, pero con sólo dos senderos, uno abierto desde el mar y el otro por tierra.
   Pedro de Vera llamó a sus oficiales a consejo de guerra, y teniendo muy en cuenta al traidor Guanarteme que conocía muy bien el terreno, Vera decide que el ataque se resolverá desde dos frentes distintos, uno desde la zona de mar, que sería comandado por Miguel de Mujica con trescientos soldados vizcaínos y el de tierra, bajo el mando del propio Guanarteme con sus deudos, quedándose Vera con el cuerpo de reserva y la caballería, favoreciendo al grupo que se encontrara en peor situación.
   Una de las cosas que habían decidido, era que el ataque por mar debería esperar hasta que el de tierra estuviera bastante adelantado. Pero Miguel de Mujica, estaba impaciente por acabar cuanto antes, muy seguro de que soldados de verdad podrían resolver la batalla. La situación de precaución, era a su entender, un sentimiento de debilidad o de pusilanimidad y comenzó a trepar por el cerro sin esperar la señal convenida.
   Los canarios que los observaban se mantuvieron quietos y movidos por su astucia habitual, dejaron que la columna de soldados avanzara, hasta que entraron por un sendero, donde comenzaron a ir en fila india. Una fila de a un solo hombre, que cuando estuvo a mitad del cerro, se encontraron con los gritos y silbidos acostumbrados antes de que la lluvia de piedras, dardos y peñascos comenzara a golpearlos sin tener posibilidad de huir. Acabaron muchos de ellos muertos en el mar, mientras los otros se tropezaban entre ellos, cayendo y rodando por el precipicio. Cráneos destrozados, miembros mutilados y sangre, mucha sangre que corría por las laderas, y mientras, Vera, contemplaba desolado que no los podía socorrer sin caer en una muerte segura.
   En este momento, imploró y suplicó al traidor Guanarteme que hiciera algo, que intermediara entre los isleños rebeldes.
   Si ese día no hubiera intercedido el Guanarteme sumiso, no se hubiera quedado nadie con vida y la conquista hubiese dado un vuelco diferente. Ese día el faicán de Telde, le dijo al traidor: “Guanarteme conoce este día y quítate de en medio, y mataremos todos esos cristianos y quedaremos libres ustedes y nosotros, ven y volverás a ser el rey de esta isla, vengando nuestras injurias”. Respondiéndole Thenesor: “No quiero; que por cierto no haré nunca traición a lo que tengo prometido”.
    Aún así, los rebeldes valerosos y bravos canarios, permitieron que los invasores recogieran a sus muertos y heridos, dándoles tiempo a los bárbaros sanguinarios a volver a rearmarse y seguir adelante con la conquista.
   Doscientos fueron los vizcaínos muertos ese memorable día de lucha por la libertad de la patria, muriendo por las heridas contraídas en Gáldar, el propio Miguel de Mujica, siendo la derrota más grande que se había infringido a los invasores en Gran Canaria.

Bibliografía: Agustín Millares Torres (Historia General de Las Islas Canarias)
                      José de Viera y Clavijo  (Historia de Canarias)

 

Faita 2.006