EL PENDÓN DE LA CONQUISTA
(CASO ABIERTO)                                              
                                                                                                                              
Tras la celebración de las elecciones municipales en Mayo de 2007 y una vez constituido con una entrecomillada mayoría absoluta en las urnas el nuevo grupo de gobierno de Coalición Canaria en el Consistorio lagunero, vuelve a surgir la interrogante sobre lo que podrá suceder el próximo 27 de Julio con la polémica exhibición pública del Pendón real de La Laguna.

Sin lugar a dudas, los referentes históricos de protestas ciudadanas en las décadas del 80 y 90 en Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, han supuesto respectivamente un interesante motivo de reflexión sobre la identidad cultural y los presupuestos históricos que sostienen la vida institucional de muchas ciudades isleñas.

Más aún, cuando muchas de ellas han diseñado muy recientemente con la “transición democrática” los emblemas de sus escudos oficiales- como La Guancha o Santa Lucía de Tirajana-, muchas otras carecen de símbolos más allá de los membretes ordinarios, y las más pocas de las capitales insulares- como la de Las Palmas desaparecida en un incendio y de Santa Cruz de Tenerife recluida a las vitrinas por la presión social-, se encuentren bastante desgastadas ante la demanda de modernidad de la ciudadanía, cada vez más proclive a una visión secular y plural de las cosas y poco arraigada en el doctrinario mundo de las reglas de la numismática.

Así es que en La Laguna, ciudad matriz de los demás municipios de la isla de Tenerife y un importante enclave histórico por su dimensión cultural al ser hábitat de la institución universitaria, las últimas noticias sobre la incoación de expediente para la declaración de BIC del Pendón real y su retorno a las procesiones cívico militares, supuso un ajuste de cuentas del Consistorio hacia las reivindicaciones juveniles que lograron a duras penas y con un sabor agridulce la suspensión de su procesión durante un año y la consiguiente sustitución por el Escudo de la ciudad, otorgado por Juana La Loca en Real Cédula de 23 de Marzo 1510, y que hasta el pasado año había pasado bastante inadvertido y a la sombra del Pendón, para convertirse en el símbolo resucitado por las sesudas elucubraciones de los responsables políticos, ante la necesidad urgente de una justificación oficial que diera salida oxigenada a la polémica, de por sí tan poco rentable electoralmente ya que la mayoría silenciosa hacia la que se dirigen todas las medidas políticas en la galería pública poco o nada reconocía de las exactitudes históricas antes de la bien aprovechada por la alcaldesa lagunera- al igual que el Plan Urban y el “Tranvi”- de la declaración de La Laguna como patrimonio de la Humanidad al amparo internacional de la UNESCO, aún careciendo en toda Canarias de unas dependencias administrativas al servicio de la ciudadanía para la defensa de los bienes culturales tan castigados por el tiempo y la desidia política a nivel arqueológico, etnográfico y patrimonial.
Esta argucia táctica realizada por las fuerzas políticas representadas en el Ayuntamiento, tras las operaciones relámpago de una Comisión Especial con bastante inconsistencia pública por su oscurantismo interno, surgía como respuesta a las protestas juveniles y como una palanca de debate entre los partidos electos, propiciando que por una vez al menos, se pusiera en tela de juicio el papel protocolario del Pendón, que durante décadas de ensalce franquista y como expresión fidedigna de la estructura de poder caciquil en la isla fue acompañado con todos los honores de infante desde 1909- incluidas las fechas de la II República- y hasta la fecha era paseado con desfile armado y honores regios a cargo de una poco concurrida ceremonia en la Plaza del Adelantado, con presencia ciudadana escasa ante la supuesta importancia fundacional y más autoridades eclesiásticas, políticas y militares que público en general asistente.

Con todo, los resultados de la pugna política a cargo de organizaciones juveniles como Azarug- que hasta la fecha ha sido de las pocas que han logrado romper la barrera de hablar en un pleno desde el sentir ciudadano- y el tripartito lagunero de PP-CC mas el PSOE en una menguada oposición para el caso, aún sumando a la bestial fuerza policial como un elemento más a incluir por méritos propios en la polémica (un juicio reciente de ocultada resonancia pública dictaminó a favor de personas golpeadas y en detrimento legal con multa y suspensión de sueldo a miembros de la UIP) significó en general la consumación de una estrategia del equipo de gobierno de CC y PP para asentar sus esquemas ideológicos a la realidad municipal (si bien la alcaldesa a puerta cerrada prometía si gozara de mayoría no volver a sacar el pendón), aprovechando ambos en el poder desde sus poltronas el desgaste en el tiempo de la polémica y la satisfacción electoralista de un sector proclive que protagonizó como Plataforma la supuesta demanda del Pendón real como Bien de Interés Cultural.

En Los Realejos, de igual forma, tras conseguirse llevar la protesta hasta las últimas consecuencias, afrontando un grupo de jóvenes durante los últimos años la represión policial desmesurada y el nulo margen de maniobras dentro del Ayuntamiento, que como muchos otros de la isla adolece de participación ciudadana y una nula horizontalidad democrática con alcaldes vitalicios, se ha ido gestando un ambiente óptimo para el debate social y la denuncia pública de símbolos fascistas y coloniales que todavía ondean en las calles y plazas de nuestras ciudades, en total silenciamiento de la memoria histórica y  la exaltación de referencias dictatoriales, por cierto de muy poco atractivo turístico y bien cultural para el desarrollo de los municipios norteños, de histórica tradición agrícola y notable patrimonio popular de por sí bastante castigado por el progreso mal entendido en pleno siglo XXI.    

Así está la situación haciendo una panorámica crítica, que devuelva a la actualidad el necesario debate sobre el pendón, que va más allá de los sentimientos encontrados y el cruce de ideologías, ya que supone un detonante para preguntarnos quienes somos, de dónde venimos y adónde vamos, preguntas todas ellas de rabiosa presencia en medios de comunicación y foros institucionales para las reformas estatutarias que decidirán nuestro destino.

Alrededor nuestro, vemos que en otras islas como La Palma, y municipios como el de Betancuria en Fuerteventura y Arafo en Tenerife, siguen realizándose con toda celeridad institucional exaltaciones de estandartes que representan la Conquista, por estar íntimamente ligados al hecho fundacional de sus ciudades- algo consustancial al largo proceso de colonización en unas islas que a diferencia de otros territorios de ultramar tenían ya un pueblo avanzado en su estructura política, cultural y religiosa - y tener una significación de total subordinación al ordenamiento de la Monarquía, quedando el debate social sobre la memoria histórica y el rescate de la pluralidad de sensibilidades, propio de una democracia real en cualquier otro país civilizado, prácticamente vulnerado por el imperativo metafísico de las placas fijadas con tachas por el Movimiento franquista y los legajos fundacionales de los escribanos que recibían órdenes directas para el repartimiento de tierras, ganado y otros motínes de guerra realizados al amparo de la bienhechora evangelización, tal como se describe en documentos harto conocidos como “Le Canarien” y que a la postre, junto a la más pura oralidad y mitología popular desde Antonio de Viana, han sido las fuentes utilizadas para la reconstrucción de nuestro devenir histórico como pueblo.

Por todo ello, ahora la situación cobra en La Laguna una nueva dimensión para el debate, quedando la incógnita abierta de si Coalición Canaria hará un responsable ejercicio de mayoría con presupuestos nacionalistas y hacer  incluso algo de caso a la demanda más joven dentro de sus propias bases, o por el contrario seguirá obcecado su aparato de partido en su estética más folclorista reanimando la pompa militarista con paseo triunfal de su cohorte tinerfeñista.

Además, quedan a la intemperie un PP lagunero que hizo de las suyas con total impunidad durante cuatro años y que ahora únicamente tiene como grandes espectativas las de entrar por matemáticas en el gobierno autonómico de la mano de un José Manuel Soria castigado eólicamente por los casos de corrupción, y un PSOE degenerado en su oposición frustrada sin grandes dosis de optimismo que las del efecto ZP ya descafeinado, la victoria sin bastón de mando del ex ministro López Aguilar y la alcaldía del octogenario Jerónimo Saavedra.

 Algo que podría llevar a una reconsideración en las filas de PSC de su  arcaico españolismo a ultranza y afrontar con entereza algo que viene de lejos y no supo o no quiso resolver sobre el Pendón en pasadas alcaldías como la del actual subdelegado del Gobierno, y apostar en definitiva por una vía sin patologías de endofobia mucho más ajustada a la realidad canaria y de un convincente ideario progresista.

Algo que haciendo memoria de los altercados pasados, supuso más de un encaramiento público de poca adultez a cargo de concejales ya defenestrados como Javier Abreu y un Santiago Pérez sustituido en La Laguna para ser maquillado en plan “cambio radical” y hacer oposición de lumbrera a un Cabildo convertido en feudo del insularismo más chabacano (como el de Ricardo Melchior y sus Consejerías patéticamente alquiladas por personajes de la calaña de Wladimiro Rodríguez Brito) y un cabeza de lista como Juan Carlos Alemán que ya anunció futbolísticamente que “cuelga las botas” antes de empezar propiamente el partido de la legislatura.

Por todo lo dicho, el caso está abierto.

De nada sirven para disfrazar el problema las incoaciones como BIC de unos trapos de porte intangible, que como la loba que fundó Roma, carecen de por sí de toda relevancia histórica y nada más allá de la que se le de por las luces de la racionalidad humana y los intereses políticos del momento, quedando aún en el tintero un debate mucho más profundo ante la necesidad de volver a interpretar las fuentes de autoridades científicas de la magnitud de los historiadores como Serra Rafols y Cioranescu, nada sospechosos de radicales y que bien pueden reflejar una visión no reduccionista y maniquea como la ejercida con mediocridad conceptual por el Ayuntamiento lagunero, carente de toda responsabilidad y valentía para afrontar el horizonte de nuestra identidad cultural, que como todo en la vida sigue haciéndose a cada paso y no es algo estancado en el tiempo, y conseguir desvelar entre todos para el provecho de las futuras generaciones las partes más oscuras de nuestro pasado, más aún dadas las deficiencias en los contenidos educativos que ya tanto daño han hecho en nuestro espejo colectivo y los efectos perversos del desarraigo cultural con la globalización económica de hoy en día. 

Atrás queda el Manifiesto contra el Pendón, firmado por miles de ciudadanos y representantes del arte y la cultura en Canarias, y los empeños por refrescar la historia ante tanto anacronismo institucional que llevaron durante diferentes décadas a las protestas juveniles con el sustento básico del rechazo a la simbología autoritaria y la exaltación de la conquista, ya que dañaban como siempre fue el sentir pacífico y tolerante del pueblo canario, la memoria de nuestros ancestros y ensalzaban el hecho colonial de la incorporación de Canarias a la Corona de Castilla bajo una óptica totalmente manipulada de los sucesos históricos sin recargos morales y penas de lesa humanidad dado el tiempo pasado, aún siendo contradictoriamente por igual el sustrato antropológico por el cual emerge nuestra identidad.

Todo con  las razones de plena actualidad en el orbe internacional por su índole humanitaria y sociopolítica surgida por el uso de las armas frente a la población, además de la denuncia antes las autoridades con todo su calado universal y tricontinental para la solidaridad entre los pueblos y la justicia histórica, apostando por renovar las efemérides oficiales a la sociedad de nuestros días, relegando los paseos eclesiásticos y militares al pasado remoto, los estandartes coloniales al museo y una mayor participación ciudadana en los aniversarios institucionales, con los contenidos de las nuevas fórmulas de democracia participativa y sujetos los programas municipales con dinero público al bien común en reconocimiento y conservación del patrimonio cultural de todos los vecinos en la vieja Aguere.                                                                                    

                                                                                                          Samir Delgado

                                                                                     16 de Junio 07