"Feliz navidad"
Ya están aquí las fiestas,
fiestas de la hipocresía
donde el sistema se sacia
cubriéndose de fantasía
aparentando sus mafias,
altruismo y bonhomía.
Las fiestas, de los derroches,
del fausto y la melodía
que apesadumbra al más pobre
y al ricachón de alegría
se le colma la morada
que aprovisionó enseguida.
¡Si!, exuberante de goce
¡y hasta de filantropía!
con el dinero que a coste
de explotación abusiva,
saca al productor soporte
de esta polis corrompida
donde ausente de valores
el humanoide camina.
Quien sin dignidad y por orden
se arrastró por la comida
en un desmán y desorden
gasta lo que le designan
aunque a su poder desborden
el turrón, la golosina
Mas, el patrón se hizo bueno
porque la fiesta es bendita
dice el consumista obrero
que engorda al capitalista
con devengados dineros
hasta el bolsillo rentista.
Lucra el rico y se da porte
mientras en la calle mendiga
un andrajoso canario
con cara de muerto en vida;
extendiendo flaco brazo
pidiendo alguna propina
para cuando junte los cuartos:
correr a por la papelina
donde se envuelve su amante
su atractiva heroína.
Y el Champán, sobre la mesa,
y el gran pavo, en la cocina,
y en la calle los cartones
en recovecos y esquinas;
donde se apilan los hombres
y las mujeres vencidas
por la hambruna pegajosa
por la droga por la priva
que le ensartó esta bazofia
esta sociedad podrida
fría, cruel, invalorosa,
despiadada, asesina.
¡Si!, en el olvido los rostros
trescientos sesenta y cuatro días
quizás el año completo
aunque en navidad se amnistía
y con Dios en paz quedar
o dadivoso ante las vecinas
el egoísta mortal
de la conciencia mezquina
que brinda con pomposidad
con la vajilla más fina
y por los pobres profesa
en confesiones divinas
un solo rato en el año
y el resto, vil, los margina.
Más todo el mundo se aloca
al son de sus campanitas
gastos que no dan respuesta
a Mil situaciones malditas.
Y mientras los que pueden corren
ufanos a toda prisa,
las caritas de unos niños
no expresan una sonrisa.
¡Si!, la de los desheredados
de esta secular mentira
de esta mierda de mercado
al que algunos solo miran,
como se empapa el mantel
y se vota la comida.
Más después a suelto pié
ronca el burgués las delicias
cuando el recoveco pelea
por cartones e inmundicias
conque cubrirse la piel
del sereno y la injusticia.
Allí, en misa del gallo,
del pollo, o de la gallina,
se dan los golpes de pecho
fulanito y menganita,
y los hermanos sin techo
seguirán a la deriva
por el rico y su despecho
egoísta y fratricida,
que le quito los derechos
al paria y a la familia
que recuerdan en la pascua
y matan con la desidia
para entregarles el pan
que a diario necesitan.
Pues dice la tradición:
que en dicha noche se invita,
al agasajo impostor
cediéndole a un pobre la silla.
O al familiar desertor
con quien hubo una rencilla
que al ingestarse de alcohol
se importunó su visita;
y en trato de sucia y mamón
arremetió sin medida,
contra del chulo anfitrión
y su fatua mujercita
que en falsaria invitación
da en el hombro palmaditas.
Se desgracia la ocasión
porque el humor se irrita
o es que uno no olvidó
lo que el otro pretendía
con un fariseo abrazo
la ruindad más pervertida,
agraciar con la navidad
su notabilidad cochina.
Isidro Santana