Iguida iguan idafe
Son sagradas para nosotros las montañas,
y tras las montañas sólo hay el Gran Vacío.
Sobre estas tierras, a través del océano,
volando en la voz del siroco y la calima,
nos pusieron los dioses rapaces y luego nos olvidaron.
Ahora vivimos con el énfasis de la gasolina,
detrás de muros fríos en ciudades de espanto;
como si tal cosa nos unimos al bramido de la gente,
caminando sin memoria sobre aceras rotas,
entre corifeos imbéciles que adoptan
la mirada distante de los escribas persas.
Y aguantamos estoicamente al rebaño semanal
que nos llena las laderas de latas y basura de los hangares,
los adocenados comedores de mierda,
los rostros pálidos
que necesitan de máquinas para sentirse fuertes.
Un gesto esperamos, una señal,
una mirada que nos ate a tu destino,
nosotros, que en el alma llevamos
los mil rojos de los montes de Ahaggar.
Teodoro Santana