DIOS LOS CRÍA Y …
AQUÍ vino un español,
llamado Pedro de Vera,
que en guanche sangre mojó
su espada filibustero.
De amapolas se tiñó
la Gran Canaria señera
con sangre del Campeón
de la guanche resistencia.
Sobre las piedras, Doramas;
en la pica, su cabeza
cortada por un canalla
ufano de vil proeza.
Con valor no lo mató,
lo mató con felonía;
a la raza no mató,
aunque dure la perfidia.
¡Traidores, ponen su nombre
a una calle de Las Palmas!
¡Se honra a los campeones
y no a los sádicos sátrapas!
Un Guanarteme vendido
mató a Bentejuí en Ansite;
en los infiernos hundido
expía su sucio crimen.
Inútil que renegados
le celebran funerales.
Quien mata a sus propios hermanos
no tiene perdón de nadie.
Babosos judas de dentro,
conquistadores de fuera
son los tiranos tremendos
que a mis pueblos enajenan.
Reviento de asco por ellos:
son las crueles alimañas
que viven sobre desechos
de mentes guanches drogadas.
De todo ello no me extraño,
pero me da rabia y pena
que, tras, de quinientos años,
nos manden tales cabezas.
Si el uno fue un verdugo
y el otro un fratricida…
¡tienen que caminar juntos
las crías de ellos paridas!
Francisco Tarajano