LA DURA INVASIÓN

LOS godos nos destierran,
los godos nos desplazan,
los godos envenenan
la vida en nuestra patria.

Los godos nos presionan,
los godos nos desprecian,
los godos nos ignoran,
los godos nos afrentan.

Los empleos acaparan,
los cargos se los regalan
y, hambrientos, nos arrebatan
el gofio de nuestras casas.

Un godo, dos godos, tres godos,
diez, veinte godos en Correos.
Un godo, dos godos, tres godos,
cien, mil godos en los comercios.

Un godo, dos godos, tres godos,
veinte, mil godos en hoteles.
Un godo, dos godos, tres godos,
muchos godos en los cuarteles.

Godos en los ministerios
y en las más altas esferas.
Y los canarios, desechos
espúreos en su tierra.

En el sur, godos falsarios;
godos fulleros, en el norte.
Y los canarios forzados
a coger el pasaporte.

Godos parleros en bares,
godos finodos en bancos,
godos loros en bazares,
godos chulos en estadios.

Godos en los altos puestos
de las godescas empresas;
godos desde el suelo al techo
de la tele, radio y prensa.

Y adulteran nuestra historia
y escriben sobre deportes
y hasta de las “viejas glorias”
son los fatuos capirotes…

Ya en los cielos alborean
las ansias del despertar,
voces de rabia y pelea
en pro del canario lar.

No somos seres ineptos.
Tenemos gentes expertas,
capaces de grandes hechos,
de las más arduas tareas.

Que no te sigan jodiendo
los godos de extrañas zetas,
de repugnantes acentos,
de habla fullera y funesta.

Que no te sigan jodiendo
ni te sigan desplazando.
Ya se acerca el gran momento
que en tu tierra seas algo.

Porque no te sigan jodiendo,
¡alerta, Canarias, alerta!
Porque no te sigan hundiendo,
¡despierta, Canario, despierta!

Francisco Tarajano