BENTEJUÍ

Las bravas rocas de Ansite
se tiñen de dura sangre
que, hambrienta, chupa la tierra,
que a piedras de dolor parte.

Te mataron, Bentejuí.
Tú por nunca te mataste.
Fuiste bardino en la lid.
Fueron otros los cobardes.

Los ojos de las harimaguadas
tallas son de llantos ocres
que, al resbalar por sus caras,
son de las rabia granates.

Te mataron, Bentejuí.
Tú por nunca te mataste.
Te mató un vendido vil:
Guanarteme el execrable.

Tristes folías canarias
van llorando por los aires
y el “Atis Tirma” a la patria
por las ocho islas se expanden.

Te mataron, Bentejuí.
Tú por nunca te mataste.
Te mató un áspid rumí:
Pedro de Vera el infame.

¡Ay, Bentejuí, Bentejuí!
¡Ay, noble faisán de Telde!
¡Cómo entre ajijidos mil
os llaman las guanches huestes!

Te mataron, Bentejuí.
Tú por nunca te mataste.
Te mata el canario ruin,
desleal y delatante.

¡Ay Bentejuí, Bentejuí,
cómo aún lloran las tabaibas,
cómo aún la Isla es malpaís
de áspera canaria rabia!

Por las cumbres de Tejeda
va un pastor con su guanil.
Sus folías llueven penas
que el Nublo repite así:

“Tú no has muerto, Bentejuí.
Tú no moriste en Ansite.
Tampoco Canarias ha muerto:
que Canarias aún persiste”.

“Tú no has muerto, Bentejuí.
Tampoco han muerto tus voces.
Tampoco Canarias ha muerto.
¡En pie está sobre ocho roques!

Francisco Tarajano