Neigág, aicád maragát
Hermano, sé bienvenido
Hermano saharaui que estás en el desierto
abriendo en las arenas catas de libertades,
por siempre, quiero sepas que abiertas para ti,
los canarios tenemos las puertas y los mares.
Hermano saharaui que estás en el destierro
regando los oasis con veneros de sangre,
por siempre, quiero sepas que tu cepa es mi cepa
vilmente machacada por los mismos alfanjes.
Hermano de La güera, digo “aicád maragát”
y hoy te ofrezco mis lomas, mis barrancos y valles,
las flores de los balos, de aulagas y tabaibas,
y pitas para atar gemelas voluntades.
Hermano de la Güera que vienes a mi encuentro,
contigo partir quiero las penas y los panes,
quiero contar contigo para casar anhelos,
contigo cantar quiero mi triste endecha guanche.
“Aicád, maragát! ait-itud guahaí
maicán güeren; demá-cihanín,
neigág, haruvit, hsig a-lemalahí”.
Que seas tú bienvenido; mataron a nuestra madre
esa gente forastera; pero ya que estamos juntos,
hermano, me quiero casar, pues estaremos perdidos
si no compartimos pellas, si no compartimos calles,
si no compartimos peñas, si no compartimos mares,
si no luchamos unidos por los fecundos afanes
de que la negra paz de África no la maje ya más nadie,
de que labios libres de África ritmen alegres cantares.
¡Hermano de La Güera, neigág, aicád maragát!:
que seas tú bienvenido al Vecindario que sabe
de las sogas de opresores, de verdugones del amo,
del logrero capataz, del desdén del gobernante…
Ya lo ves, querido hermano: como la tuya es mi suerte…
juntémonos para siempre, puesto que somos iguales.
Francisco Tarajano
Vecindario de Sta. Lucía, 13 de Noviembre de 1987
Publicada en: Barranco abajo, 1989