29 DE ABRIL DE 1984
Garra de guerras rasgaron
un veintinueve de abril.
Garras de guerra mancharon
la patria de Bentejuí.
Huestes de Pedro de Vera,
nietos de bárbaro Cid,
masacraron a una raza
de linda alma y perfil.
Desde el Bentaiga a Ansite,
de Gáldar a Arguineguín,
de guanches las rotas venas
forman tapiz carmesí.
Cuando el banote se camba
cotra la adarga cerril,
cuando los guaires se apagan
ante ignominioso ardid,
cuando la cruz y la espada
se amigan en torpe lid,
y, cuando al vivir esclavo
se escoge el digno morir,
indómita, se desrisca
la patria de Bentejuí.
Garras de guerra rasgaron
un veintinueve de abril.
Garras de guerra re-matan
la patria de Bentejuí.
Un pendón ensangrentado
de la Iglesia va a salir
recordando a los canarios
que es colonia su país.
Hoy no cantan las campanas
ni el cura en el sacro atril
loa la nefanda historia
de una masacre tan vil.
En la mañana majada
chillan trompeta y fusil,
mientras los guanches alzados
no quieren doblar cerviz.
Duelen las broncas cadenas
con que los nietos del Cid
ataron fornidos cuerpos
brillantes como rubí.
Trena una endecha guanche
con cólera juvenil:
“Mataron a nuestra madre;
hermano, quiero morir.”
El Guiniguada se tizna
de sucio alquitrán y orín,
mientras en Plaza Santa Ana
se emborrachan en festín
los embadurnados sátrapas,
los fulleros de postín,
los que, con tanta cultura, (¿)
son peleles en Madrid.
Y, cuando el pagado güisqui
bebe un canario servil,
remata, lúbrico y sádico,
la patria de Bentejuí.
Francisco Tarajano
Mayo de 1984
Publicada en: Caminos vulnerados, 1985.