José Tomás Bethencourt Benítez *

Si preguntáramos al pueblo canario el significado de la palabra ENDOFOBIA,
mucho me temo que más del 90% no sabría decirlo. Desde mi experiencia de 27
años como profesor de la Universidad de La Laguna (Tenerife, CANARIAS), he
tenido la oportunidad de comprobar ese grado de desconocimiento, con mis
alumnos en la Facultad de Psicología y en la Facultad de Educación.

Si analizamos etimológicamente tal palabra, tenemos, ENDO (dentro), FOBIA
(aversión), es decir rechazo al natural; al nativo; al oriundo; al
perteneciente al territorio, por ius solis (derecho a nacionalidad por
nacimiento en el lugar) y por ius sanguinis (derecho a nacionalidad por
descender de nacido en el lugar).

Una vez aclarada tal palabreja, se nos empieza a hacer más claro que se trata
pues de un tipo de RACISMO execrable, mediante el cual se margina, segrega,
aparta y excluye a los que son naturales de un determinado territorio.

Este proceso racista ha sido practicado por todas las potencias colonizadoras
europeas, a lo largo de su aventura genocida y etnocida, en los países del
continente africano, asiático y americano. Todas esas potencias coloniales han
impuesto, por la fuerza de las armas, derramando sangre humana, esclavizando y
aterrorizando, la lengua, la religión y la cultura del conquistador,
despreciando, infravalorando y prohibiendo las nativas.

No es de extrañar que en Canarias, territorio conquistado violentamente por
España hace ya más de 500 años, ese tipo de racismo endofóbico se continúe
practicando. Una de las formas más evidente y clara que actualmente sigue
llevando a cabo la metrópoli española para rechazar al pueblo canario es la
invasión poblacional.

Si analizamos los datos 'oficiales' sobre población en Canarias, procedentes
del ISTAC (Instituto Canario de Estadísticas), o del INE (Instituto Nacional
de Estadística de España) nos encontramos con que nuestro Archipiélago tiene
un superficie de 7.492 km.2 con una población de 1.968.280 habitantes, lo que
nos da una densidad demográfica de 264 hab./km.2, frente a España que con
44.108.530 habitantes y con 509.990 km.2 de superficie, les da una densidad
demográfica de 86 hab./km.2, la diferencia es enorme, y nos demuestra a las
claras, como el factor poblacional está siendo conscientemente utilizado por
los colonialistas para agredir al pueblo canario y degradar nuestro territorio.

Pero si analizamos por islas, observamos que Tamaran (Gran Canaria) tiene una
densidad de 514 hab./km.2 y Achinet (Tenerife) de 412 hab./km.2 y de los 87
municipios de Canarias hay 17 con más de 500 hab./km.2, a saber, en Titerogat
(Lanzarote) hay 1: Arrecife; en Benahuare (La Palma) hay 2: Los Llanos de
Aridane y Tazacorte; en Tamaran hay 6: Las Palmas de Gran Canaria, Arucas, Sta.
Brígida, Telde, Ingenio, Sta. Lucía de Tirajana; finalmente en Achinet hay 8:
S/C de Tenerife, La Laguna, Tacoronte, Puerto de la Cruz, La Matanza de
Acentejo, Sta. Úrsula, Realejos, Arona.

Por otro lado, si atendemos a las nuevas altas poblacionales provenientes del
extranjero y producidas en el año 2004, tenemos que 25.629 personas (42% del
total) procedían de España y 35.706 (58%) procedían de otros lugares del
mundo. De este 58%, el ranking en cuanto a ocupación fue el siguiente.
Venezuela (4.361); Reino Unido = Inglaterra + Escocia + País de Gales (4.110);
Alemania (3.007); Argentina (2.031); Marruecos (1.977); Uruguay (1.803); Italia
(1.471); Cuba (1.347); Colombia (1.143); China (845); y otros países (13.611).

Asimismo, si examinamos los datos de población extranjera residente en Canarias
según padrón municipal de habitantes del año 2005, nos encontramos con una
seria limitación pues ni el ISTAC ni el INE separan en sus cuentas a canarios
de españoles, asunto éste que no les interesa y conviene, haciendo más
invisible la invasión y ocupación española. No obstante, el total de
extranjeros sin contar a los españoles es de 222.260, de los cuales su
distribución por islas es dramáticamente desfavorable a Achinet -Tenerife-
(101.946), siendo mucho menor para las restantes islas: Tamaran -G. Canaria-
(60.531); Titerogat -Lazarote- (27.736); Maxorata -Fuerteventura- (20.526);
Benahuare - La Palma- (7.281); Gomera (2.919); Esero - El Hierro- (1.321).
Probablemente en la primera isla del ranking, y posteriormente en las tres
siguientes, es donde podrían sucederse las reacciones defensivas del pueblo
canario contra tanta invasión abusiva.

Centrándonos en esa situación especialmente grave y explosiva de la isla de
Tenerife podemos señalar, que según datos del ISTAC, durante los últimos
cinco años (de 2001 a 2005) se han producido en esta isla 129.512 nuevas altas
en el censo poblacional, lo que supone y representa el haber construido en el
valle de Ucanca una ciudad como Aguere (La Laguna) para asentamiento de esos
nuevos residentes.

Pero hay otras islas en situación de alarma como son Titerogat y Maxorata en
las que el 60% de la población es extranjera, estando ya el pueblo canario en
clara minoría y sentando las bases para estallidos de protesta y defensa.

De seguir creciendo como vamos, para el año 2019, según estudio de proyección
poblacional del ISTAC, la población de Canarias sería de 2.422.596 personas,
lo que nos daría una densidad demográfica de 323 hab./km2.

Sumemos a todos estos datos la cifra de cerca de 12 millones de turistas
anuales, entrantes por aeropuertos, de los cuales muchos terminan quedándose
sin control en nuestra tierra, dada la ineficacia y contribución de la
administración colonial española a la invasión de Canarias.

Todo este panorama demuestra de modo claro y contundente la mentira y falsedad
de la supuesta invasión de africanos del continente, quienes representan el
1,36% (26.732 de 1.968.280) del total de la población residente en el
Archipiélago, según padrón municipal de habitantes del año 2005. Ya el
ministro alemán de propaganda Goebbels, del gobierno nazi de Hitler, defendió
y practicó que una mentira repetida mil veces termina convertida en verdad. Lo
que ocurre en Canarias es que la supuesta y falsa invasión africana entrante
en barquillas es bien visible todos los días en los medios de intoxicación de
masas, mientras que la verdadera invasión española y europea es invisible pues
entra por aeropuertos y es silenciada por esos medios, los mismos que cacarean
continuamente la palabra xenofobia y ocultan, prohíben e ignoran la gran
palabra tabú ENDOFOBIA.

Esa estrategia de invasión poblacional y de racismo endofóbico no es nueva en
Canarias, pues debemos recordar que la primera tuvo lugar en el siglo XV cuando
la conquista criminal y asesina española. La segunda sucedió en los años 40 y
50 del siglo XX, en plena dictadura fascista, cuando se expulsa al exterior al
pueblo canario, sobre todo hacia Venezuela y Cuba, entrando a su vez en el
Archipiélago decenas de miles de españoles a ocupar como funcionarios los
puestos de la administración franquista. Finalmente, la tercera es la que
estamos sufriendo actualmente, que arranca en los años 80 del siglo XX, a
raíz de la incorporación de España a la Unión Europea con la imposición de
la libre circulación de europeos.

Los efectos malditos y perversos del racismo endofóbico son bien conocidos, en
este caso que nos ocupa, el obligar al pueblo canario a sentirse extranjero en
su propia tierra; el arrinconamiento social, laboral, cultural y lingüístico;
la pérdida alarmante de identidad por efecto de la imposición abusadora,
irrespetuosa y avasalladora de moldes ajenos y foráneos; el impacto
psicológico negativo sobre la autoestima, al observar pasivamente el desprecio
e infravaloración de sus propias señas de identidad y personalidad (mago =
sucio, bruto, analfabeto, ignorante, etc...).

Si dañinas son las consecuencias del racismo endofóbico sobre el pueblo
nativo, perjudiciales son los efectos de la superpoblación sobre el territorio
de Canarias, evidenciándose en el destrozo galopante del medio ambiente
terrestre y marino; en la destrucción y abandono de tierras cultivables, en la
ingente producción y acumulación de basuras; en el incremento preocupante de
las emanaciones CO2, producto entre otros, del disparatado tráfico de
vehículos; la saturación y masificación de servicios públicos como la
educación, sanidad, servicios sociales, justicia; la crecientemente incesante
dependencia exterior de productos y alimentos, por efecto de la importación
especuladora; en definitiva, en el crecimiento hipertrofiado de suelo cubierto
de piche y cemento.

Los colonialistas siempre han argumentado que los canarios fuimos emigrantes y
por eso tenemos que jodernos y ser "solidarios" con todos los que quieran venir
a asentarse en nuestras islas, y yo les digo, primero, que los canarios fuimos a
países inmensos con muy baja densidad demográfica, a trabajar y no a
delinquir, y segundo, les pregunto ¿quién será solidario con los canarios?

Sencillamente, no cabemos, no hay más hueco, no podemos seguir creciendo en
población, en definitiva "no hay cama para tanta gente", por lo que desde
aquí hago responsable a esos insensatos colonialistas, de los posibles
estallidos populares que se pudieran producir, pues "quien juega con fuego se
quema", quien provoca termina recibiendo la respuesta. No en vano la
psicología del pueblo canario se asemeja mucho a la actividad del volcán. Los
canarios somos pacíficos, sumisos, dóciles, obedientes, resignados,
conformistas, nobles como silenciosa e invisible es la activad magmática
latente de nuestros volcanes, pero todo volcán tiene en algún momento su
erupción, su explosión fuerte e incontrolada, como inesperadas y
sorprendentes han sido a lo largo de nuestra historia colonial de más de cinco
siglos, los alzamientos y protestas populares por problemas de agua, de tierras
o represiones fascistas.

Me niego a seguir perdiendo calidad de vida, calidad medioambiental, me niego a
que se nos quiera imponer el hipertrofiado modelo hongkonizador que el
capitalismo criminal extiende por las cuatro esquinas del planeta, me niego a
seguir sufriendo la pérdida inexorable de nuestra identidad cultural.

Hago desde aquí, un llamamiento al Pueblo Canario, para que nos levantemos, nos
alcemos y nos opongamos, sin complejos, sin miedos, sin tapujos, contra ese
cruel racismo endofóbico que nos puede terminar liquidando como grupo cultural
diferenciado, exigiendo una Ley de Residencia que regule y controle la avalancha
e invasión poblacional procedente fundamentalmente de España y Europa.

Soy consciente, porque siempre los colonialistas y sus colaboradores así lo han
dicho, que este llamamiento mío va a ser tachado de xenófobo, pero yo les digo
a esos racistas endofóbicos abominables, que todo pueblo tiene derecho a exigir
en legítima defensa su existencia como tal, y si para ello, se hace preciso
expulsar a los excedentes poblacionales foráneos o impedir la entrada de
nuevos contingentes forasteros, así lo haremos.

* Profesor Titular de la Facultad de Psicología
Universidad de La Laguna

Canarias, junio 2006

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