Carta abierta desde Canarias para sus Majestades
Doña Sofía y Don Juan Carlos I de España

Con motivo de su estancia conmemorativa para la celebración del Centenario
de la visita histórica de Don Alfonso XIII a las Islas Canarias, ante la
notabilísima presencia de sus distinguidas señorías en todas y cada una de
nuestras islas, recibiendo por sus excelencias las reverencias
institucionales acostumbradas y una exquisita cobertura mediática para tal
evento público, ante la recepción de sus majestades y otorgamiento de
ilustres condecoraciones por parte del reconocimiento de algunos estamentos
civiles, eclesiásticos y militares del Archipiélago por su condición de
jefatura del Estado Español, sea por igual atendida esta carta abierta de
quienes rechazamos enérgicamente su presencia en nuestra tierra y no
reconocemos ningún tipo de subordinación a la institución monárquica,
considerada por nuestro ejercicio legítimo a la libre expresión como una
imposición colonial, ilegítima, antidemocrática por no haber sido nunca
refrendada en las urnas y sucesora de la dictadura militar fascista del
General Franco, teniendo además una corresponsabilidad histórica que la
exime de toda autoridad moral y le otorga la consecuente consideración de
non grata en las islas por su directa vinculación como heredera dinástica de
los crímenes de lesa humanidad cometidos por parte de los Reyes Católicos en
la todavía ensalzada institucionalmente como Conquista e incorporación de
Canarias a la Corona de Castilla en 1496, a través de la cual se ejecutaron
hechos de gravedad criminal contra los derechos universales de los
habitantes de las islas que pueden ser comprobados en datas históricas y
documentos legales, cometidos de forma indiscriminada y repetidamente a lo
largo de los siglos en otros pueblos de América con todo tipo de
vulneraciones hacia la vida humana y el respeto a las culturas, quedando en
la actualidad reflejadas sistemáticamente en el nulo reconocimiento hacia
las islas como un pueblo con identidad nacional y derechos históricos para
su libre autodeterminación, la imposición de un sistema político y económico
injusto e insolidario, que al amparo de su beneplácito administrativo agrava
las desigualdades sociales y aún continua perpetrándose en ex colonias como
Sáhara y Guinea Ecuatorial, perpetuando la sumisión de las islas a un Estado
monárquico localizado en otro continente al nuestro, y que en conclusión,
está desprovisto de legitimidad social y política, hasta la fecha en que
cesen la continua militarización de las islas por parte del Ejército
Español, sean delimitadas nuestras aguas interiores y la voluntad de
neutralidad ante conflictos bélicos, respetándose así el derecho reconocido
por la ONU a decidir democráticamente cada territorio su ubicación en el
mundo, y sean reparadas por los medios que la sociedad canaria estime
oportunas, todas las imposiciones históricas, políticas y económicas que han
generado numerosas calamidades para nuestra tierra, que aún recibiendo por
parte de algunos de los estamentos oficiales su presencia por estos días con
motivo del citado centenario, la sociedad canaria no ha recibido prueba
alguna de que sean reconocidos sus derechos legítimos, como son la
recuperación de la memoria de represaliados políticos desaparecidos tras el
golpe militar comenzado en las islas en 1936, la finalización del uso
colonial de las islas como plataforma para el comercio especulativo, el
tráfico internacional de armas y las estratagemas geopolíticas que España y
la OTAN hacen con sus intereses hacia las naciones de África condenadas a la
emigración desesperada por el hambre, el deterioro medioambiental y el
expolio de empresas que extorsionan los recursos bajo un monocultivo
turístico insostenible, así como la asunción de responsabilidad moral sobre
los atentados contra la humanidad ocurridos tras la esclavización y
sometimiento de los antiguos canarios que durante siglos habitaron las islas
en paz, dejando a duras penas un legado cultural de enorme riqueza
patrimonial, y que junto a las bellezas naturales que atesoramos como
patrimonio de la humanidad en peligro y la rica mixtura de nuestra
idiosincrasia influenciada por nuestro enclave tricontinental, confieren en
general la personalidad distintiva de la sociedad canaria actual, que con
los valores arraigados de tolerancia y solidaridad, aún espera para este
nuevo siglo y tras un largo periplo histórico de relaciones con otros
pueblos, la libre potestad democrática para decidir en condiciones de plena
igualdad su lugar en el mundo.