CAPTURA DE ADARGOMA

 

Comienza la conquista de Gran Canaria bajo el mando del General Juan Rejón le acompañaba el deán Bermúdez que representaba al obispo del Rubicón Juan de Frías, llegando a Gran Canaria en la tarde del 23 de junio de 1478, echando el ancla en el fondeadero de la Isleta la madrugada del 24 y después de adelantarse reconociendo terreno hicieron el campamento llamándolo Real de Las Palmas siendo esta la cuna de la ciudad, fundada por los invasores en la mañana del 24 de junio de 1478. Los canarios estaban reunificando sus tropas para acercarlas al Guiniguada. Los principales jefes del consejo, habían decidido que una columna compuesta de gente del sur, acaudillada por Doramas, Maninidra y Adargoma harían su aparición Sobre el Real de Las Palmas al amanecer del 30 de junio, apoyados por otro grupo proveniente del norte y mandado por Bentaguayre, Tazarte y Autindana. Comenzó la batalla: por el centro iba el intrépido Doramas, por la derecha Maninidra y por la izquierda la fortaleza de Adargoma. En esta batalla sale aventajado Juan Rejón capturando al intrépido Adargoma, que adelantándose por su flanco seguido de sus guerreros iba abatiendo a cada golpe de maza a cuanto español se le pusiera por delante. Notando el peligro y el desorden en las filas de las fuerzas españolas, el general lo hiere en el muslo y lo derriba, antes de caer todavía tiene tiempo de asestar un certero golpe sobre las ancas del caballo, que se encabritó haciendo perder los estribos a Rejón. Acudió en su auxilio el alférez Alonso Jáimez y favorecidos por la sorpresa de la herida del guerrero lo apresan dejándolo prisionero. Según Abreu Galindo, p. 116.  Adargoma, después de cicatrizadas sus heridas, fue bautizado y conducido a España, y se cuenta que hallándose un día en el palacio del Arzobispo de Sevilla, vino un robusto mozo de la Mancha con el deseo de luchar con el canario, a cuya petición contestó éste: “Hermano, si hemos de luchar, razón será que brindemos primero”, y, llenando un vaso de vino, dijo al manchego: “Sujétame el brazo con los dos tuyos, y si consigues impedirme que lleve el brazo a mi boca y beba el vino sin derramarlo, me declaro vencido”.
   Hiciéronlo así y Adargoma se bebió el vino sin que su contrario pudiera detenerle el brazo a pesar de todos sus esfuerzos.
   Mucho debió impresionar la fuerza del fabuloso Adargoma, pues de hecho, sabemos que la historia la escriben los vencedores, pero aún así, fueron capaces de reconocer en este hombre tan espléndida fuerza y valentía.

Bibliografía empleada: Agustín Millares Torres (Historia General de las Islas Canarias).

 

Faita 2.005