BENTAGUAYRE EL GUERRERO

 

Otro de los héroes que puso un gran empeño en la defensa de su patria, arriesgando su vida en muchas ocasiones era Bentaguayre, famoso jefe del cantón de Arguineguín. Se cuenta, que al oír hablar demasiado de la gloria de un plebeyo ennoblecido llamado Doramas, quiso conocerlo en persona. De esta manera, se presentó en el bosque de Moya y lo esperó en un sitio que sabía a ciencia cierta que pasaría. Llegó en efecto Doramas, con su espada de tea al cinto y su rodela de drago, acuartelada de blanco, negro y rojo, que era su divisa, apoyada sobre el brazo. Doramas pasó sin saludar y esto hizo enfadar a Bentaguayre, arrojándole éste un puñado de tierra, que era entre ellos el ultraje más sangriento, diciéndole al mismo tiempo: “Aquí estoy”, grito de guerra que lanzaban siempre en sus desafíos. Sorprendido Doramas con tan imprevista agresión, embraza el escudo y echa mano a la espada con intención de defenderse, pero antes que pudiera hacerlo, se adelantó Bentaguayre y lo agarra con sus robustos brazos y lo arroja al suelo poniéndole una rodilla en el pecho, lo oprime de tal manera que le corta la respiración y le desarma, “Quién eres”, le pregunta casi ahogado el vencido Doramas. “Date a conocer tu primero y luego te contestaré”, le replica Bentaguayre. “Soy un plebeyo que ha sabido hacerse grande sirviendo fielmente a su patria”. Al escuchar tan nobles palabras, Bentaguayre se levanta conmovido y tendiéndole la mano le dice: “Desde hoy seré tu amigo, cuéntame en el número de tus aliados”. Y efectivamente cumplió su palabra peleando en la batalla de Guiniguada contra el ejército de Rejón mandando uno de los cantones del norte junto a Tazarte y Autindana.
   Este intrépido isleño, deseando servir a su patria y distinguirse entre los suyos con alguna gloriosa hazaña, llegó un día al campamento del Real pidiendo ser cristiano y aliado de los españoles, y como su nombre era ventajosamente conocido de uno y otro ejército se le recibió con mucho agasajo, creyendo que con esta adquisición  se iban a obtener considerables ventajas en el negocio de la conquista. De este modo pudo el astuto guerrero estudiar el recinto fortificado, conocer sus entradas y salidas, los sitios que ocupaban sus centinelas y la manera de escalar sin peligro sus tapiales. Hecho esto, desapareció de improviso sin que nadie supiera el lugar donde se había ocultado.
   Desde aquel momento se advirtió que los centinelas eran con frecuencia sorprendidos durante la noche, que los soldados ocupados en sus ratos de ocio en recoger orchilla caían prisioneros de las partidas canarias y que dos hermosos caballos andaluces, que el general tenía en sus cuadras y cuidaba con esmero, se encontraron un día degollados y asesinado el palafrenero (criado que guarda de los caballos).
   Todos estos actos, que revelaban una audacia extrema y un valor singular, eran obra de Bentaguayre, unas veces solo y otras auxiliado por sus amigos.
   No contento, además, con estas aisladas proezas, resolvió dirigir un ataque formal al campamento, incendiar la colonia y degollar a todos los españoles. Reunió para esto dos cuadrillas de escogidos isleños con las cuales pensaba asaltar primero el campamento por su frente, mientras a favor del tumulto y de la oscuridad de la noche escalaba las murallas por la parte del mar, entrando a saco las tiendas y almacenes y apoderándose de la torre o fortaleza central.
   Estaba tan perfectamente estudiado el plan que solamente una triste casualidad evitó que murieran todos los españoles esa noche. La columna que había de simular el ataque de frente, al mando del guayre Tazarte, se retardó un poco en su marcha y creyendo los que venían por la playa que el combate había empezado, a causa de cierto ruido extraordinario que oyeron dentro de la plaza, se lanzaron sobre los tapiales guiados por el intrépido Bentaguayre, dando lugar con este prematuro asalto a que los castellanos se pusieran en armas y acudiesen a defender  las murallas con tanta resolución como buena voluntad. La refriega  no duró largo tiempo, pues viendo los canarios frustrada su sorpresa abandonaron el campo y se alejaron con pérdida de algunos hombres entre muertos y prisioneros.
   Bentaguayre es el retrato de un hombre entregado a su patria, al más elevado honor de llevar a su pueblo a la lucha por la independencia. ¿Que es la vida sin sentido patriótico? Nos adormecen con el fútbol y la caja tonta, o con cualquier deporte que en esos momentos despierte interés, y si además, en ese deporte destaca un español, lo tendremos a todas horas en las televisiones como si fuera un héroe y de esta manera pasarnos a su bando, despertar en nosotros cualquier cosa menos la canariedad. ¡Si!, quieren a todas horas que te sientas español y que no luches por los derechos que tu pueblo necesita, el derecho a la autodeterminación y la independencia. Por eso te drogan sin que te des cuenta y no te cuentan tu historia, te hablan de las famosas hazañas de la península ibérica y el día de canarias lo celebran un 30 de Mayo, tal día como ese pero en abril de 1483 fue la rendición de Gran Canaria. Si, el 29 de abril de 1483 Thenesor Semidan (bautizado Fernando Guanarteme), consigue convencer al último reducto de resistencia en Ansite. El 30 de mayo de 1481, Fernando Guanarteme se arrodilla ante los Reyes Católicos, sometiéndose a estos en nombre de todos los canarios, (cosa incierta, ya que en Gran Canaria tomaba el mando Bentejuí y por ejemplo, Tenerife tampoco había sido conquistada y no respondía ante el Guanarteme sumiso) se sometió  por un pacto llamado “Pacto de Calatayud”.
   Del 29 al 30 de abril, pero de 1483, Gran Canaria era completamente conquistada, (o casi, ya que siguieron muchos alzados que no se rindieron). Así que el día de Canarias debería ser otro,… ese día es el día de España, de su conquista y hoy actual colonia. “Ningún pueblo celebra su derrota”. Así, que disfrutemos de un día de fiesta para descansar, pero no celebremos nada, no ayudemos a una tradición que mancilla nuestra historia de pueblo noble. Tengamos la fe y la fuerza de Bentaguayre, que luchó vertiendo su sangre por su tierra.

Bibliografía: Agustín Millares Torres. (Historia General de las Islas Canarias)

 

Faita 2.005