APUNTES EN TORNO A LA PENETRACIÓN CRISTIANA EN CANARIAS



Guaire Adarguma Anez’ Ram n Yghasen

benchomo@terra.es





Generalmente las conquistas de unos pueblos por otros suelen ir precedidas de
penetraciones religiosas que actúan como puntas de lanza. En el caso de
Canarias, la punta de lanza estuvo en manos del cristianismo, esta confección
religiosa puso sus miras en el archipiélago desde tiempos remotos. La santa
sede erigida en árbitro de los pueblos y secundada por las turbas fanáticas
cristianas europeas, decide esclavizar y expoliar las Islas Canarias. Para ello
comenzó regalando el país con la misma facilidad con que se concedía una
indulgencia. A partir de ese momento, comenzaron los males de este pueblo los
cuales preveo que van a continuar durante largo tiempo.



El Papa Clemente VI, erige en reino a las islas Canarias, y concede los derechos
de conquista de las mismas al almirante francés Luis de la Cerda, con el
título de “Príncipe de la Fortuna”, en 1344.



En la isla de Mallorca, se crea una cofradía con el fin de recabar fondos con
que enviar un grupo de misioneros a evangelizar las islas, entre ellos se
cuentan los mercaderes (posiblemente traficantes de esclavos) Juan Doria y
Jaime Segarra. (1351) con el beneplácito de Clemente VI. Los misioneros
contaban con la valiosa colaboración de doce neófitos indígenas  Canarios
que habían sido victimas de expediciones de razzias piráticas esclavistas,



El instaurador del “Reino de la Fortuna” Clemente VI, erigió en las islas
del Atlántico en diócesis misional por medio de la bula Coelestis rex regum
(1351). Preocupándose por su auge  los pontífices Inocencio VI, y Urbano V.
La diócesis se erigió en Telde Gran Canaria, perviviendo por espacio de medio
siglo, Se conocen hasta cuatro Obispos, Bernardo, 1351, Bartolomé, 1361,
Tarín, 1369 y Jaime Olzina, 1392.



  A partir de  1404, Benedixto XIII, por la bula Apostolatus officium, elevó
las operaciones militares de conquista al rango de cruzada, pero esto no evitó
que  las islas continuasen siendo asaltadas por los depredadores esclavistas.



  La diócesis del Rubicón se estableció en 1404, el primer convento
minorista en 1414.



  La mayor parte de los indígenas estaban cristianizados hacía 1423 (en
Lanazarote, fuerteventura y el Hierro) sometidos a la jurisdicción del
provincial de Castilla, quien debía confirmar a los vicarios después de ser
electos misioneros, El Pontífice Benedicto XIII da testimonio de ello por
medio de la bula Illius celestis agricole, 20 de noviembre de 1424.



  El más grave obstáculo con que tropezaba la evangelización era la
pervivencia de la esclavitud del infiel, defendida por un grupo compacto de
doctrinarios (Egidio Romano y Enrique de Sousa a la cabeza) y combatida por una
minoría de penetrantes teólogos (Inocencio IV, Santo Tomás y Agustín de
Ancona). La curia pontificia va a adoptar en 1434 una postura intermedia que,
para el momento, supone un decidido progreso.



  El cambio anterior se operó gracias a los informes enviados a la corte
pontificia sobre la verdadera circunstancias de los aborígenes atlánticos con
el apoyo del Obispo del Rubicón, Fernando Calvetos, y por el testimonio directo
del misionero fray Juan de Baeza, minorista, y un lego indígena, Juan Alfonso
Idubaren. Eugenio IV, proclamó la libertad de los aborígenes, pero que,  los
“mercaderes piratas” jamás respetaron.



  Las violencias cometidas por piratas cristianos con los Canarios, fue
execrada por la bula Regimini gregis de fecha 29 de septiembre de 1434...



  En cuanto al núcleo misional de Tenerife, radicado en el sur de la isla,
más concretamente en Candelaria (Menceyato de Gúímar) contó desde un
principio con poderosos valedores que contribuyeron a dar al mismo inusitado
auge.



  El ministro general de la orden franciscana fray  Jaime de Zarzuela (elegido
el 20 de mayo de 1458) acogió bajo su tutela el eremitario de Tenerife,
sometiéndolo a directa jurisdicción. El principal apóstol de esta misión
fue fray alfonso de Bolaños,  quién había conseguido catequizar buen número
de infieles. Sabemos por expresa declaración pontificia que el núcleo
tinerfeño lo componían tres misioneros, y hasta es dable identificar a otro
de ellos, fray Masedo. Acaso fuese el tercero fray Diego de Balmanua. De los
tres hay constancia de que vivieron entre los guanches y que predicaban en la
lengua de éstos. (Bula decet apostolicam sedem(1462). Bullarium, tomo II,
núm. 978,página 512).



  El segundo protector del eremitario de Tenerife fue el obispo de Rubicón don
Diego López de Illesca, a quien de sobra conocemos. Éste patrocinio se
extendió a fray  Alfonso de Bolaños, como cabeza visible del núcleo
nivaríense. Dicho prelado se erigió en defensor del misionero contra las
tropelías del vicario de Canarias fray Rodrigo de Utrera, acudiendo con sus
quejas, en 1461, ante la propia corte pontificia. Conocemos estos incidentes
por la bula Decet apostolican sedem, 1462. del Papa Pío II.



  ...Para que los recursos económicos no faltasen, Pío II, por la bula Pastor
bunus (7 de octube de 1462) concedió una amplia indulgencia en beneficio de los
cooperadores en las obras “misionales...” y fulmina de nuevo con la
excomunión contra los piratas que salteasen y vendiesen a los naturales si no
les restituían inmediatamente la libertad.



  ...Una bula posterior del Papa Paulo II, la Docet romanorum pontifecen
(1465), nos informa de manera índirecta que por esta data fray Alfonso de
Bolaños ejercía autoridad como vicario sobre Guinea, las islas del mar
Océano y algunas de las Canarias.



  ...En 1465 Diego García de Herrera, “señor” de las islas Canarias, se
quejase del comportamiento de Bolaños en carta que dirigió al Papa Paulo
II,...que según Herrera, fray Alonso de Bolaños abusaba de sus privilegios,
proponiendo sustituirle a fray Diego de Balmanua, misionero que conocía la
lengua de los isleños...



  A esta etapa tan intensa de la acción misional aluden con reiteración los
testigos de la famosa Información de Cabitos (1477). El propio señor de las
Canarias Digo García de Herrera confiesa, por la pluma de su procurador, lo
que sigue: <<el obispo de las dichas islas ha estado en las dichas islas e sus
clérigos; e en la dicha isla de Tenerife han entrado azas veces frayles e
tienen su iglesia e hay en ella asaz gente bautizada>>. El testimonio merece
ser realzado por la calidad de la persona y la concreción de los detalles.



  Es posible que la iglesia a que hace referencia Diego García de Herrera
fuese la cueva de Achbibinico o de San Blas, que después fue la primera
parroquia con que contó el valle de Güímar. En varios documentos del
protocolo del escribano Sancho de Urtarte, se hace mención expresa de la
parroquia de San Blas.



  En el testamento otorgado por Luis Alonso, natural (guanche) de Tenerife,
dispone una manda << a la cofradía del Stmo. Sacramento de la iglesia
parroquial de San Blas, en el pueblo de Candelaria, media dobla para aumento de
la cera,>>. Además dispone que, <<por el vicario, frailes, y convento de Ntra.
Sra. de Candelaria, que sobre la tumba de su padre Pedro Alonso y la suya, se
le diga una misa cantada  de cuerpo presente y otra misa rezada de réquiem,
ofrendado de una fanega de trigo, un carnero y un cántaro de vino>>. Sábado
18 de julio de 1579. Fol. 1.126 vº.



  ...Al igual que Pío II, Sixto IV se apresuró a expedir la bula Pastoris
aeterni, 29 de junio de 1472, fiel trasunto de las inquietudes misionales.



  El pontífice minorista se declara entusiasta y ardoroso campeón de la
conversión de los indígenas guanches y africanos, depositando toda su
confianza en fray Alfonso de Bolaños para el desempeño de tan importante
misión. Con este objeto erigía la nunciatura de Guinea, designando nuncio y
comisario a fray Alfonso de Bolaños. Quedaban bajo su inmediata dependencia
espiritual la isla de Tenerife, los territorios de África y Guinea y las islas
del mar Océano.



  Sixto IV, haciendo caso omiso  de la soberanía portuguesa y de la
jurisdicción espiritual de otorgada a la orden de cristo por su predecesor
Calixto III, (dicho pontífice había concedido jurisdicción espiritual sobre
el continente africano a dicha Orden por la bula Inter Caetera, de 13 de mayo
de 1456.)











Fuentes consultadas:

  A. Romeu de Armas, “La Conquista de Tenerife”

  Miguel A. Gómez Gómez. “El Valle de Güímar

 En el Siglo XVI. Protocolos de Sancho de Urtarte.