AGUERE, 24 O. MANIFESTACIÓN Y MANIPULACIÓN
He perdido la cuenta de las manifestaciones en que he participado. Ilegales, semilegales, alegales y legales, que de todo ha habido. Con el franquismo, con la transición y con la pseudoautonomía. Algunas con no más de una docena de personas y el triple de las llamadas “FOP”. Con represión unas y con alegría efusiva otras. En fin, que la vida le ha ido dando a uno un “honoris causa” en este capítulo. Por eso mismo me ha dolido más el no haber podido estar este 24 de octubre en La Laguna, con los miles de compatriotas que llenaron de luminosas estrellas verdes y enseñas tricolores de esperanza las calles de la vieja Aguere, con el espíritu de Achimenchia-Tinguaro, desde aquella ferrugienta pica en Sejeita en que clavara su cabeza la vesania del invasor Lugo, contemplando gozoso como de nuevo resuena a sus pies el grito insurrecto que pide recuperar patria, dignidad e independencia.
Ha sido una mala pasada que me ha jugado una inoportuna afección física que me ancló en Gomera, pero el espíritu, que vuela libre sin barreras ni corporales ni geográficas, estaba allí, con los compañeros de Tenerife, con los venidos de Gran Canaria, con banda incluida y con Isidro leyendo en el Parque de Los Dragos, frente a la presencia sentida de Javier Fernández Quesada y las fotos de nuestros últimos asesinados por el colonialismo fascista.
En ese día, en Aguere, con la convocatoria unitaria de las juventudes independentistas de Azarug, Izuran y JCNC, y el apoyo y presencia activa de los partidos nacionalistas (ANC, CNC, MPC, MUPC y UP), se escribió una página importante en nuestra lucha centenaria por la liberación nacional, barriendo falsos nacionalismos que desde su área de poder –delegado y dependiente, pero poder- nunca han estado al servicio de la libertad y dignidad de este pueblo sometido, sino al de sus particulares intereses. También, el carácter nacional de la manifestación y la participación de representaciones de todas las islas, ha contribuido a acallar las perniciosas proclamas insularistas, disfrazadas de independentismo y con un pútrido aroma a xenofobia, que han intoxicado en los últimos tiempos nuestra sociedad. Precisamente, a mi juicio, obligar a retirar una pancarta que equiparaba –con justicia, según mi punto de vista- a “El Día” con ATI y con la paranoia insularista fue, tal vez, el único punto negro de la manifestación, que además dio pie, una vez más, para que la prensa españolista que pulula en esta colonia, se cebara en ese incidente para descalificar lo que fue un rotundo éxito del nacionalismo canario. De todas formas, hay que tener claro que las manipulaciones interesadas de todo signo estarán siempre presentes en nuestras acciones y que tenemos que saber distinguirlas y desecharlas.
Se ha dado una lección de unidad en la acción y se ha demostrado que desde posiciones progresistas de una izquierda nacional incipiente, como se trasluce del manifiesto allí leído, se puede avanzar en ese movimiento insurreccional ciudadano que sea la antesala de una nueva hegemonía que barra hacia el basurero de la historia no solo al colonialismo español sino, junto con él, al caciquismo y la corrupción criolla pseudonacionalista, que es realmente la responsable de que aquel aún perdure en el tiempo.
Que la alegría de lo conseguido no nos nuble la razón. No solo está pendiente la liberación nacional. También lo está la social de unas clases explotadas por un capitalismo feroz y destructivo y, a mi juicio, ambas luchas están indisolublemente unidas. La lucha esta aún en sus inicios y, aunque hoy aparece alegre y luminosa con el flamear de banderas y los cantos de esperanza, será dura y dolorosa. Ni el colonialismo español, ni el caciquismo autóctono, ni el capitalismo, son proclives a reconocer derechos. Los hechos, desgraciadamente, los impone la fuerza y no la razón, y es a esa fuerza impuesta a la que habremos de hacer frente con coraje e ilusión y con la seguridad de que el futuro será nuestro.
Francisco Javier González.
Gomera a 31 de octubre de 2009